fran
30-Sep-2010, 08:15
29/09/2010 10:20http://www.actcv.com.ar/img/spacer.gifhttp://www.actcv.com.ar/img/spacer.gifhttp://www.actcv.com.ar/imagesUpload/contenidos_di palma.jpgEl 13 de septiembre de 1998 obtuvo su último triunfo en el TC, fue con un Ford.http://www.actcv.com.ar/spacer.gifEl sábado 30 de septiembre del año 2000 el arrecifeño perdía trágicamente la vida. A diez años de su fallecimiento, el recuerdo de Carlos Alberto Legnani.
Diez años transcurrieron de aquella fatídica tarde del sábado 30 de septiembre del 2000. Hoy aún pareciera que no es realidad. Se marchaba el último “Gran ídolo” del Deporte Argentino. Luis no solamente era amado y reconocido en el mundo automovilístico, sino también, por todo el pueblo. El mismo que lloró y añora aquel joven de mechón sobre los ojos que soplaba para dispersarlo de su rostro.
Desde el mismo momento que irrumpe Rubén Luis Di Palma en el Turismo Carretera, su rostro angelical y cara de ídolo fue atesorado, primero por los amantes del TC, luego por los seguidores del automovilismo en sus distintas categorías. Esas que lo tuvieron como ganador en 99 oportunidades, obteniendo además 178 podios en 620 competencias y logrando el título de campeón 8 veces. Dos en TC, Sport Prototipo y Mecánica Argentina Fórmula 1, mientras que el TC2000 lo vio consagrarse en una ocasión al igual que el Supercart.
Deportistas famosos y conocidos ha habido y habrá muchos, pero ídolo muy pocos. Entre estos privilegiados, está indiscutidamente Rubén Luis Di Palma. El mismo que construía un auto de competición en solamente 15 días. El trabajador incansable que comenzaba su labor a las 6 de la mañana sin hora de culminación. Piloto por antonomasia nacido para tripular cualquier elemento que circulara por tierra o por aire. Constructor de ultralivianos, audaz e intrépido, que lo llevó a cruzar con un “avioncito” construido por él la mismísima Cordillera de Los Andes, toda una proeza.
Luis fue generoso con quien se acercara a pedirle un consejo, y no solamente verbalmente, sino que en infinidad de oportunidades lo vimos trabajar sobre autos de otros pilotos que luego serían sus rivales en las pistas. Hoy más que nunca se extraña a Rubén Luis Di Palma, por cuanto la carencia de ídolos hace que se agigante con el correr del tiempo su figura incomparable. Quien esto escribe convivió muchos años a su lado. Luis fue mi hermano menor y vivimos bajo el mismo techo hasta que se casó con la querida “Tana”.
Juntos crecimos en esta gran pasión del automovilismo, él como eximio piloto y yo como periodista. Caminábamos buscando sponsors, él para su auto de carrera y yo para mis programas de radio. Compartíamos viajes en una vieja F100, o en un modesto Peugeot 403. Por ello y muchas cosas más vividas, el recuerdo sigue siendo intenso como el dolor que sentimos el día de su partida. Sé, y no lo dudo, que infinidad de amantes del deporte derramaron lágrimas de gratitud ante su partida, aquel fatídico día que se durmiera piloteando su helicóptero. Su estilo y su personalidad dejaron una huella indeleble.
Luis, por siempre vivirás en los corazones de quienes fuimos tus incondicionales amigos y de los millones de admiradores que supiste ganarte con tu capacidad de mecánico, tu talento conductivo y tu hombría de bien.
Chau Luis. Hasta un pronto reencuentro, que será donde Dios lo disponga.
Tu amigo y hermano de la vida. Chau... Campeón.
Diez años transcurrieron de aquella fatídica tarde del sábado 30 de septiembre del 2000. Hoy aún pareciera que no es realidad. Se marchaba el último “Gran ídolo” del Deporte Argentino. Luis no solamente era amado y reconocido en el mundo automovilístico, sino también, por todo el pueblo. El mismo que lloró y añora aquel joven de mechón sobre los ojos que soplaba para dispersarlo de su rostro.
Desde el mismo momento que irrumpe Rubén Luis Di Palma en el Turismo Carretera, su rostro angelical y cara de ídolo fue atesorado, primero por los amantes del TC, luego por los seguidores del automovilismo en sus distintas categorías. Esas que lo tuvieron como ganador en 99 oportunidades, obteniendo además 178 podios en 620 competencias y logrando el título de campeón 8 veces. Dos en TC, Sport Prototipo y Mecánica Argentina Fórmula 1, mientras que el TC2000 lo vio consagrarse en una ocasión al igual que el Supercart.
Deportistas famosos y conocidos ha habido y habrá muchos, pero ídolo muy pocos. Entre estos privilegiados, está indiscutidamente Rubén Luis Di Palma. El mismo que construía un auto de competición en solamente 15 días. El trabajador incansable que comenzaba su labor a las 6 de la mañana sin hora de culminación. Piloto por antonomasia nacido para tripular cualquier elemento que circulara por tierra o por aire. Constructor de ultralivianos, audaz e intrépido, que lo llevó a cruzar con un “avioncito” construido por él la mismísima Cordillera de Los Andes, toda una proeza.
Luis fue generoso con quien se acercara a pedirle un consejo, y no solamente verbalmente, sino que en infinidad de oportunidades lo vimos trabajar sobre autos de otros pilotos que luego serían sus rivales en las pistas. Hoy más que nunca se extraña a Rubén Luis Di Palma, por cuanto la carencia de ídolos hace que se agigante con el correr del tiempo su figura incomparable. Quien esto escribe convivió muchos años a su lado. Luis fue mi hermano menor y vivimos bajo el mismo techo hasta que se casó con la querida “Tana”.
Juntos crecimos en esta gran pasión del automovilismo, él como eximio piloto y yo como periodista. Caminábamos buscando sponsors, él para su auto de carrera y yo para mis programas de radio. Compartíamos viajes en una vieja F100, o en un modesto Peugeot 403. Por ello y muchas cosas más vividas, el recuerdo sigue siendo intenso como el dolor que sentimos el día de su partida. Sé, y no lo dudo, que infinidad de amantes del deporte derramaron lágrimas de gratitud ante su partida, aquel fatídico día que se durmiera piloteando su helicóptero. Su estilo y su personalidad dejaron una huella indeleble.
Luis, por siempre vivirás en los corazones de quienes fuimos tus incondicionales amigos y de los millones de admiradores que supiste ganarte con tu capacidad de mecánico, tu talento conductivo y tu hombría de bien.
Chau Luis. Hasta un pronto reencuentro, que será donde Dios lo disponga.
Tu amigo y hermano de la vida. Chau... Campeón.